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Comer bien y de manera saludable, cuidarse y cuidar el medioambiente, pasear, hacer deporte. Llevar un estilo de vida saludable no tiene por qué convertirse en un calvario y mucho menos ser aburrido. Se puede, fácilmente, conjugar placer y salud. En nuestro blog compartimos con vosotros consejos y experiencias, tanto propias como ajenas, para conseguir lo que todos pretendemos: disfrutar de cada minuto de vida, una vida plena y larga.

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La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria concluye que los niveles de uso de los nitratos y nitritos como aditivos alimentarios son seguros para los consumidores

Desde siempre, los productores cárnicos y de embutidos han añadido aditivos a sus productos para garantizar su conservación y que lleguen al consumidor final en las mejores condiciones posibles. Dos de los más utilizados son los nitratos y los nitritos. Entre otras bondades, estos conservadores inhiben el crecimiento de microorganismos dañinos, entre ellos, el Clostridium botulinum, la bacteria causante del botulismo. También ayudan a mantener el color del producto y darle sabor. Pese a sus beneficios, todo lo que lleve el apellido de ‘conservante’ y ‘aditivo’ suele estar en el punto de mira. Pues bien, ahora la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha despejado todas las dudas y ha publicado una opinión científica en la que concluye que los niveles de uso de los nitratos y nitritos como aditivos son seguros para los consumidores.

Ambos, el nitrito (E 249-250) y el nitrato (E 251-252) están autorizadas por la legislación europea. La Comisión Europea encargó a la EFSA que reevaluara antes de 2020 la seguridad de todos los aditivos autorizados en 2009, entre ellos, el nitrato y el nitrito. De ahí, que acabe de publicar esta opinión científica que asegura que ambos son seguros.

En este momento la Ingesta Diaria Admisible (IDA) para los nitratos está en 3,7 miligramos por kilogramo de peso corporal por día y para los los nitritos, en 0,07 miligramos por kilogramo de peso corporal por día. La exposición actual del consumidor a los nitratos y nitritos, utilizados únicamente como aditivos alimentarios, no supera la IDA para la población en general. Sin embargo, sí se ha mostrado un ligero exceso de la IDA de nitritos en niños que consumen alimentos con un alto contenido en nitritos.

Volviendo a su consumo por la población en general, los expertos estimaron que la exposición al nitrato como aditivo alimentario es segura, ya que representa menos del 5% de la exposición total de este elemento en los alimentos. Porque este producto químico además de utilizarse como aditivo, siempre respetando los límites antes comentados, también está presente de forma natural en los alimentos, por ejemplo en las verduras, encontrándose su mayor concentración en la lechuga o las espinacas. También puede estar en el agua, debido a su uso en la agricultura intensiva.

No consideran la relación entre el consumo de carnes transformadas y el riesgo de cáncer.

Uno de los aspectos que más preocupa es que uno de estos aditivos, el nitrito, está ligado a la formación de un grupo de compuestos conocidos como nitrosaminas, algunas de las cuales pueden causar cáncer. Por tal motivo, los expertos de la EFSA también evaluaron su formación dentro del cuerpo humano tras el uso de nitritos como aditivos alimentarios. Sin embargo, concluyeron que cuando se utilizan estos aditivos, siempre respetando los niveles aprobados, su contribución a la exposición general de nitrosaminas es de baja preocupación para la salud.

En este sentido, y en referencia a los potenciales riesgos para la salud de estos aditivos y su relación con la formación de nitrosaminas, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) no ha considerado las conclusiones del Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC) sobre la relación entre el consumo de carnes transformadas y el riesgo de padecer cáncer, según informa ANICE, la Asociación Nacional de Industrias de la Carne de España, de cuyo Grupo Técnico forma parte Embutidos El Hórreo. Cabe recordar que, en 2015, este órgano dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS) informó de que el consumo de carne roja y carne procesada aumentaba el riesgo de padecer cáncer, especialmente, cáncer colorrectal. Una relación que, ahora, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), agencia dependiente de la Unión Europea, no entra a considerar.

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El Hórreo tiende a reducir en sus productos este mineral, que consumido en exceso puede provocar hipertensión, arterioesclerosis y osteoporosis.

La sal era un producto tan valioso en el pasado que fue moneda de cambio para el comercio marítimo en tiempos de los fenicios y dio nombre al ‘salarium’ que recibían los legionarios romanos. Era un elemento imprescindible por su capacidad para conservar los alimentos. Durante siglos, no hubo congeladores ni neveras, y la salazón era una técnica primordial para preservar los alimentos, incluidos los embutidos. La sal, además de dar sabor, es un agente inhibidor de las bacterias y ayuda a compactar y aglutinar la carne. Es difícil imaginar la elaboración artesanal de embutidos sin ella. Sin embargo, la sal en exceso puede perjudicar nuestra salud, por ser un factor causante de hipertensión arterial, osteoporosis, arterioesclerosis, cáncer de estómago o insuficiencia renal. Por eso, en Embutidos El Hórreo, al igual que hacemos con las grasas saturadas, tratamos de reducir el contenido en sal de nuestros productos, siempre en la medida de lo posible y sin que nuestras chacinas pierdan su carácter.

Salvo si tiene la tensión baja, seguro que su médico le recomendará que reduzca el contenido en sal de sus comidas. Y ya no le digo si es usted una persona mayor, momento en que la sal se reduce, o prácticamente desaparece, en su dieta. Sin embargo, consumida en su justa medida, resulta un elemento primordial para nuestra vida. No sólo porque dé alegría y sabor a nuestros platos, que también. Si no porque contribuye a que el cuerpo esté bien hidratado, al introducir agua en el interior de las células; ayuda a controlar la cantidad de agua del organismo y a regular los fluidos del cuerpo; y es esencial para transmitir impulsos nerviosos al cerebro, además de contribuir a la relajación muscular.

Lo que ocurre es que comemos sal en exceso, más de la que nuestro organismo necesita para funcionar. Dicen las estadísticas que en algunos países, como en España, ingerimos el doble de la cantidad recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que está en 4-5 gramos al día. Ese aporte procede no sólo de la sal con la que condimentamos nuestros platos, que representa el 20%, y la que contienen los alimentos de forma natural, que sólo supone un 8% del total. El grueso de la sal que ingerimos, más del 70%, es la añadida a los alimentos procesados: platos precocinados, conservas o, como en el caso que nos ocupa, los embutidos. De ahí, la importancia de cuidar lo que comemos y de que los productores reduzcan en la medida de lo posible la cantidad de sal que utilizan, como intentamos hacer en El Hórreo Healthy Food con los productos que elaboramos.

Reducir la sal, sustituirla o suplementarla con otros elementos que cumplan su función y aplicar tecnologías que permitan producir embutidos igual de ricos. Éstas son las alternativas en una industria en la que el cloruro sódico se lleva utilizando desde antaño con varios fines, entre ellos:

    • Actuar como conservante y bactericida.
    • Disminuir la actividad del agua, empeorando así las condiciones para el desarrollo de algunos microorganismos indeseables.
    • Dar sabor.
    • Propiciar la trabazón y consistencia de las mezclas.
    • Permitir el ablandamiento de las fibras del músculo y favorecer la compactación de la carne utilizada.

Eso sí, el elaborador siempre tiene que tener cuidado de añadir la cantidad justa, ya que las grasas animales pueden oxidarse en presencia de la sal y el embutido puede enranciarse.

Los excesos pueden perjudicar al producto y, también, a nuestro organismo. Hemos hablado de los beneficios de la sal, pero también puede representar graves perjuicios para nuestra salud. La cantidad de sal que los riñones no pueden eliminar se acumula en la sangre. Como la sal acumula el líquido del organismo, el volumen de sangre circulante aumenta y el corazón se ve obligado a trabajar más para moverla. Consiguientemente, aumenta la presión arterial. De esta forma, este mineral puede ser un factor de riesgo de hipertensión. Pero, también, provocar trastornos renales, de retención de líquidos, problemas cardiovasculares, osteoporosis –ya que demasiada sal provoca la eliminación de calcio- y cáncer de estómago. También está ligado a problemas de sobrepeso y obesidad. De hecho, en dietas de adelgazamiento aconsejan reducir al mínimo su consumo, ya que abre el apetito.

Y es que este mineral esencial para la vida, y fundamental en la industria chacinera, es un arma de doble filo, con tantos beneficios como perjuicios, tantas ventajas como inconvenientes. Como tantas cosas en la vida.

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Hechos con harina de maíz y servidos con múltiples acompañamientos, es uno de platos típicos de la cocina asturiana, aunque no goza de la popularidad de la fabada o el cachopo

Los panuchos en México, las arepas en Venezuela y Canarias y, también, los tortos en Asturias. La harina de maíz es la base de este plato asturiano que, no por su sencillez, deja de ser un bocado delicioso. Este manjar asturiano ha pasado de ser un plato de subsistencia en la posguerra a colarse en las cartas de sidrerías y restaurantes. De comerse sólo en época de matanza, servido con huevos de corral y picadillo de cerdo, a admitir todo tipo de acompañamientos dulces o salados. Es uno de los platos típicos de la cocina asturiana, aunque no ha alcanzado la fama de la fabada o el cachopo. Hoy les proponemos, por qué no, unos tortos con sabadiego. Mejor si es Sabadiego Saludable de Embutidos El Hórreo.

Si a uno le dicen la palabra ‘Asturias’ automáticamente piensa en verdes pastos, imponentes montañas y hermosas playas al borde de altivos acantilados. Y, enseguida, empieza a salivar evocando su rica gastronomía. Asturias es tierra de deliciosos pescados, mariscos, pote y, sobre todo, fabada asturiana. No hay visita al Principado que no incluya degustar su plato estrella, siempre en el ‘Top Ten’ de la cocina española. Y en los últimos años también el cachopo, ese filete relleno, normalmente de jamón y queso, que ahora está tan de moda dentro y fuera de los límites de la región. Sin embargo, uno de sus platos más tradicionales, los tortos, todavía no han conseguido predicamento -o no el que merece- en los pensamientos de los amantes del buen yantar. Quizá le falta promoción, porque sabor y razones para alcanzar la fama le sobran.

Un poco de historia

Dicen que el maíz llegó desde América a Asturias embarcado en unas arcas de cedro propiedad de Gonzalo Méndez de Cancio, gobernador asturiano de La Florida, a principios del siglo XVII. No es la única versión de la historia. Otras apuntan a que este cereal había llegado a tierras asturianas mucho antes. En cualquier caso, fue bien recibido, dado que las condiciones geográficas y climatológicas del Principado no propiciaban el cultivo del trigo, el cereal más preciado para la alimentación humana. Sin embargo, el maíz sí se daba con facilidad. Basta darse un paseo hoy en día por los verdes pastos de los que hablábamos para comprobarlo.

El maíz era la solución para combatir el hambre en los siglos XVI y XVII. Pero al consumirse con tanta profusión este alimento carente de vitaminas, mucha población se vio afectada por la Pelagra o Mal de la Rosa. Esta enfermedad sesgó muchas vidas a mediados del siglo XVIII y el maíz se ganó, lógicamente, muy mala fama. En muchas regiones dejó de consumirse y en otros lugares quedó relegado a planta forrajera. No así en reductos de Asturias, especialmente del Oriente asturiano, donde siguió consumiéndose bajo la forma de pan de maíz (boroñas) o los tortos.

De nuevo, durante los años de la posguerra española, tocó alimentarse a base de maíz, y los tortos se convirtieron en una de las alternativas básicas en las cocinas asturianas. Tradicionalmente se freían o bien en grasa de cerdo u otras grasas animales o en aceite de oliva. Sin embargo, las estrecheces económicas de los años posteriores a la guerra civil llevaron a cocinarlos directamente sobre la chapa de la cocina. Es decir, a la plancha, método que siguen utilizando algunos cocineros hoy en día.

Cómo prepararlos

Seguro que a más de uno se le ha hecho la boca agua y quiere cocinar los tortos asturianos. Sólo necesitará agua, aceite, sal y, por supuesto, harina de maíz. Eso sí, deberá ser harina de maíz molida natural, ni refinada ni cocida. Es decir, que no vale la tipo maicena. Deberá colocarla en un recipiente y calentar el agua (medio litro por cada kilo de harina), con una pizca de sal y un chorro de aceite (2 decilitros), mejor un aceite de oliva suave, como recomiendan las guisanderas asturianas. Hay que retirar el agua justo antes de hervir y verterla sobre la harina, ayudándonos de una cuchara de madera para que se mezcle bien. Luego se amasa manualmente hasta conseguir una bola compacta que no se pegue a las manos. Entonces, la dejamos reposar unos 20 minutos, cubriendo el recipiente con un trapo de algodón humedecido.

Tras reposar, haremos bolas del tamaño de una nuez que aplastamos dándole la forma de los tortos y freímos en abudante aceite de oliva hasta que queden dorados. Otra opción es hacerlos a la plancha. Finalmente, los sacamos de la sartén, los colocamos sobre papel de cocina para que suelten la grasa sobrante y los dejamos que templen.

Ya sólo queda el paso final: elegir el acompañamiento. Puede ser dulce o salado. El tradicional, picadillo de cerdo y huevos. También, queso, morcilla, verduras, requesón, miel… Nosotros proponemos comerlos con sabadiego, embutido típico asturiano hecho con sangre y carne de cerdo, para el que, hoy en día, se utiliza materia prima de la mejor calidad. Y, además, si es nuestro Sabadiego Saludable, tenemos todas las garantías de estar comiendo un producto sano y, además, rico y tradicional, como los tortos asturianos a los que complementa.

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La toxoplasmosis es una enfermedad parasitaria que, contraída en circunstancias normales, puede pasar desapercibida, ya que sus escasos síntomas se confunden con los de una gripe. Pero hay casos en los que puede tener consecuencias graves: cuando afecta a inmunodeprimidos, como los infectados por VIH sin tratamiento antirretroviral efectivo, o a embarazadas. En este último caso, puede producirse un aborto, adelantarse el parto o que el bebé sufra malformaciones.

Por eso, es recomendable mantener unas normas de higiene para no entrar en contacto con el parásito, especialmente si la gestante convive con gatos al ser este animal su hospedador definitivo. También, lavar bien las frutas y verduras, porque han podido estar cerca de sus excrementos. En tercer lugar, al poder estar presente en la carne de cerdo, abstenerse de comer carne cruda, poco cocida y embutidos curados. Sin embargo, recientes estudios demuestran que en el caso de jamón ibérico, si está sometido a un proceso de curación largo, el toxoplasma desaparece. En cualquier caso siempre es recomendable su congelación, a más de 20 grados centígrados durante, al menos, 24 horas. Si aún así lo va a comer con desconfianza, hay una alternativa: consumir chorizo para cocinar de El Hórreo bien frito o asado, ya que el parásito no sobrevive al calor.

El Toxoplasma gondii es un protozoo que suele parasitar a mamíferos, aves y reptiles, y de los animales pasa a los humanos. Es lo que se conoce como una zoonosis. Como ocurre con otras enfermedades, una vez que la pasamos, no la podemos volver a contraer. Los hospedadores definitivos del parásito son los gatos y otros felinos y, por eso, hay que ser especialmente cuidadoso si convivimos con ellos para evitar el contacto con sus heces. No hay necesidad de alarmarse innecesariamente, no es tan fácil que nos transmitan la enfermedad, pero sí mantener una serie de precauciones para evitar riesgos.

Por ejemplo, un gato que no salga al exterior, que no coma carne cruda y no cace ni pájaros ni ratones -es decir, la gran mayoría- es difícil que contraiga este parásito. Los gatos callejeros o ‘campestres’, que comen lo que pillan y que de vez en cuando se pegan un festín con un pequeño roedor, sí suponen un cierto riesgo. Y precisamente son los que pueden depositar sus excrementos, con presencia del parásito, en el huerto, cerca de donde crecen frutas y verduras. Incluso, el hortelano, otra de las potenciales ‘víctimas’ del Toxoplasma gondii, puede contraer el parásito. ¿Cómo? Si no se protege con guantes o no se lava las manos al terminar la faena, puede ingerirlo en un descuido al llevarse a la boca las manos o las uñas manchadas con tierra.

Así funciona, grosso modo, el ciclo de transmisión de este parásito. Por eso, para romper la cadena, hay que mantener unas medidas mínimas de higiene, sobre todo, en el caso de las embarazadas. Si ya tiene un gato como animal de compañía, quizá no tenga que desterrarlo. Pero sí tener cuidado de que coma alimentos bien cocidos, nunca carne cruda. O, mejor, para curarse en salud, darle sólo pienso. También usar guantes para limpiar el arenero donde hace sus necesidades y cambiarlo con frecuencia. O, mejor, encargarle esa tarea a otra persona. Y una vez finalizada la operación, lavarse bien las manos.

Como decíamos, una vez pasada la toxoplasmosis, ya no se puede volver a contraer. Por tanto, para salir de dudas, una de las primeras medidas tras quedarse embarazada es someterse a un análisis. Si da positivo al toxo-test, puede comer todo tipo de carnes y embutidos. Si da negativo y, por tanto, corre el riesgo de contraer toxoplasmosis, tendrá que evitar la ingesta de carne, especialmente de cerdo, cruda o poco cocida. Adiós al carpacho y al tartar. Como pauta, deberá cocinar la carne a más de 65 grados. Hay que tener en cuenta que los hornos microondas no suelen alcanzar esa temperatura.

Las embarazadas sí podrán comer embutidos cocidos, como el jamón de York o la pechuga de pavo, o, por ejemplo, chorizo bien frito o asado. Pero tendrán que abstenerse de probar embutidos curados, a no ser que hayan sido previamente congelados. Como decíamos, el parásito no ‘sobrevive’ al calor, ni tampoco al frío: desaparece a temperaturas por debajo de los 20 grados bajo cero. El problema es que muchos congeladores domésticos no alcanzan esa temperatura y no pasan de 18 grados bajo cero. Por eso, para comerlos, es recomendable que estén congelados durante al menos tres días.

Al respecto de los embutidos curados, recientes investigaciones han demostrado que un largo proceso de curación en el jamón ibérico elimina el riesgo de toxoplasma para la gestante. Es el caso del estudio elaborado por Centro Tecnológico Andaluz del Sector Cárnico (Teica), que demostró que cuanto mayor sea el periodo de curación, siempre que sea superior a los 24 meses, su consumo es más seguro. También es decisivo el proceso de curación. Un equipo de investigadores de las Universidades de Granada y Valencia concluyó que si se sigue el proceso tradicional de curación del jamón con sal marina y se respetan los tiempos de curación recomendados por la normativa europea, el parásito deja de ser infeccioso. Sin embargo, su supervivencia aumenta al aplicar el método habitual de la industria alimentaria, que, además de sal marina, utiliza nitritos. Y la sal también es determinante, ya que el toxoplasma puede ser muy sensible a este condimento. No en vano, por encima de una determinada concentración de sal, de entre el 2,5 y el 3%, el toxoplasma pierde su capacidad infecciosa, según un informe elaborado por científicos de las Universidades de Leipzig y Munich, en Alemania.

Aunque son varios los estudios que avalan la inocuidad del jamón ibérico, siempre que los tiempos de curación y los procesos estén garantizados, los expertos recomiendan cautela hasta que no haya evidencias científicas definitivas.

Por otro lado, las embarazadas deben abstenerse de consumir aquellos alimentos cuyo envasado les genere dudas, ya que tienen que cumplir unos rigurosos controles de calidad. También, evitar comer productos procedentes de las matanzas caseras.

Otro de los alimentos que pueden suponer riesgo son las frutas y verduras, al estar en contacto con la tierra húmeda donde el toxoplasma puede mantenerse infeccioso. Pelándolos y lavándolos concienzudamente, mejor con algún producto desinfectante, evitaremos el contagio. Por el mismo motivo, durante el embarazo recomiendan evitar los trabajos de jardinería o realizarlos con guantes.

Si se les hace cuesta arriba, recuerden que son sólo 9 meses de sacrificio por el bien del niño. Mejor prevenir que lamentar terribles consecuencias, no para la madre, que apenas notará síntomas si contrae el parásito, sino para el bebé, al que puede transmitírselo a través de la placenta. Si, lamentablemente, hay contagio, existen medicamentos que pueden detener la infección y evitar daños al feto. Pero mejor olvidarnos de preocupaciones, ya que las consecuencias para el feto son muy graves, especialmente si se contrae durante el primer trimestre de la gestación: un aborto, un parto prematuro o complicaciones, entre ellas, hidrocefalia, problemas en la piel, los oídos, el sistema nervioso o la vista del recién nacido. Una de las más graves y frecuentes es la coriorretinitis, inflamación de la coroides y la retina que puede derivar en ceguera.

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¿Se ha parado a calcular cuánto ejercicio físico necesitaría para quemar la tapa de chorizo frito que se está tomando con tanto deleite? Si le ha dado por mirar las calorías que gasta en la bicicleta estática del gimnasio y compararlas con las etiquetas de ‘Información nutricional’ de los alimentos, le parecerá mucho, o incluso infinito, el tiempo que tiene que pasar dándole al pedal para reducirlas a cero. Concretamente, para bajar las algo más de 350 kilocalorías contenidas en 100 gramos de chorizo, una persona de 70 kilos necesitará correr durante 30 minutos, a un ritmo de 10 kilómetros por hora, o pasarse algo más de 40 minutos subiendo escaleras, pedaleando o nadando. En la vida real, con cada gesto que hacemos gastamos energía: conduciendo, planchando, pensando y hasta durmiendo. Y además, cuando nos movemos y hacemos ejercicio, no sólo adelgazamos, sino que obtenemos otros muchos beneficios para nuestra salud.

Muchas veces pensamos que la clave de encontrar el bienestar físico está en la alimentación, que es importantísima, pero nos olvidamos de otra de sus bases fundamentales: el ejercicio. Los hábitos de vida actuales nos roban tiempo para practicarlo, ya que la actividad laboral ocupa buena parte de nuestra jornada, y las horas que nos quedan libres las dedicamos en muchas ocasiones a actividades que nos conducen al sedentarismo, como ver la televisión, sentarnos delante del ordenador, etcétera.

El ejercicio es necesario para mantenernos en forma y guardar la línea, pero también nos reporta muchos beneficios:

  • El ejercicio es bueno para el cerebro, ya que éste se oxigena al practicarlo. Asimismo mejora nuestra memoria. Un paseo de 20 minutos a buen ritmo rodeados de naturaleza puede aumentarla hasta en un 20%, según un estudio de la Universidad de Michigan.
  • El sedentarismo es un factor de riesgo de mortalidad y, por el contrario, una actividad física moderada durante 30 minutos 5 días a la semana o el intenso, durante 20 minutos 3 días, reduce el riesgo de mortalidad, según un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Girona.
  • Mejora la resistencia cardiorrespiratoria, la fuerza y la flexibilidad.
  • Aumenta la masa muscular y reduce la grasa corporal y, por consiguiente, el riesgo de padecer sobrepeso y obesidad.
  • Aumenta la densidad ósea, al potenciar la formación del hueso mediante el depósito de calcio.
  • Mantiene a raya la tensión arterial, el colesterol y los triglicéridos.
  • Reduce los factores de riesgo de padecer enfermedades crónicas como la diabetes, las cardiopatías y algunos tipos de cáncer.
  • Previene enfermedades cardiovasculares y el ictus.
  • Reduce en un 40% el riesgo de padecer Alzheimer después de los 45 años, si seguimos un programa de ejercicios aeróbicos durante 15 minutos, 3 veces por semana.
  • Al facilitarse la producción de endorfinas, el ejercicio reduce el estrés y la ansiedad y mejora el bienestar psicológico de quienes lo practican.

Para conseguir todos estos beneficios, no es necesaria una preparación física fuerte, como si fuéramos a correr la maratón. En la niñez, es recomendable una hora de actividad física moderada al día. En la edad adulta, 30 minutos de actividad física moderada, 5 o más días a la semana. Y cuando somos mayores, hay que tonificar y fortalecer los músculos, mantener la movilidad de las articulaciones y, sin llegar al agotamiento, nadar, caminar, bailar o practicar técnicas de relación y estiramiento. En cualquiera de los casos, cuando encontremos la motivación, tenemos que empezar a ejercitarnos gradualmente.

También hay que tener en cuenta que los pequeños gestos en el día a día pueden ser una gran ayuda para ponernos en movimiento. Por ejemplo, subir las escaleras en lugar de coger el ascensor es una práctica saludable. Subiendo escaleras a buen ritmo durante 30 minutos quemamos 257 calorías. También, paseando al perro, desplazándonos a pie o bajándonos una parada antes del autobús o del metro para ir al trabajo. Un paseo de 30 minutos equivale a un gasto energético de 74 calorías.

Incluso podemos hacer ejercicio realizando las tareas domésticas. 30 minutos segando el césped equivalen a un gasto de 184 calorías; trabajando en el huerto o el jardín, a 147 calorías; planchando o pasando la aspiradora, a 110; y realizando otras tareas domésticas, a 92.

Si lo que usted quiere es adelgazar, cuidado al hacer los cálculos de las calorías consumidas. Para mantener el ritmo y realizar todas las tareas cotidianas una persona adulta necesita ingerir unas 2.000-2.500 kilocalorías al día. Así que si hacemos un ejercicio extra y gastamos las 350 calorías de las que hablábamos, necesitaremos unas 3 semanas para bajar un kilogramo de peso, ya que para bajar un kilo de grasa tiene que haber un déficit de 7.500-7.700 kilocalorías.

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Una fecha en el horizonte: 2019. Para entonces los socios que participamos en el proyecto Satisfood confiamos en haber alcanzado en fase preindustrial los alimentos saciantes en cuyo desarrollo trabajamos desde hace más de un año. La implementación de productos que contribuyan a combatir la obesidad con una mejor calidad nutricional es el objetivo común en cuya consecución trabajan codo a codo ocho empresas y siete instituciones públicas.

Los socios del proyecto impulsado por el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI) celebramos los días 13 y el 14 de marzo en Asturias su IV Asamblea General, para la cual eligieron como sede las nuevas instalaciones de El Hórreo Healthy Food.

Junto a representantes de las empresas Carinsa, Fruselva, Viscofan, Biopartner, Primo Mendoza, Friobas y Matarromera pusimos en común los avances logrados hasta el momento y ordenamos las prioridades para continuar con la investigación. En esta fase, ya hemos hallado avances “prometedores” aunque el rigor de la investigación científica impide aún avanzar conclusiones concretas.

La disponibilidad en el mercado de alimentos con ingredientes saciantes es muy baja y en algunos casos de dudosa efectividad. “Nuestro gran reto consiste en lograr obtener evidencias científicas, en el desarrollo de un método que constate que efectivamente hemos logrado obtener esos ingredientes saciantes”, explicó la coordinadora del proyecto, Eva Campos, a su vez responsable de I+D de la empresa Carinsa.

Conseguirlo, además, manteniendo las características organolépticas de los productos. “El chorizo tiene que seguir sabiendo al chorizo de pueblo de toda la vida pero ser más saludable. La sopa igual. Que yo sea hipertensa no significa que me tenga que tomar la sopa más sosa del mundo. Se trata de mantener los hábitos logrando productos con un mejor contenido nutricional”, abundó.

Los ingredientes funcionales se han aplicado por ahora a productos cárnicos; de confitería; pescados congelados y purés de verduras, cereales y lácteos. En el caso de los embutidos, El Hórreo ha estado trabajando tanto en chorizos como en salchichas. Carinsa, por ejemplo, se ha centrado en el desarrollo de aromas y fragancias alimentarias.

La investigación se basa en la incorporación de fibras con alta viscosidad y fibras que retrasen la absorción de hidratos de carbono y lípidos en el intestino, el incremento de proteínas, la limitación de la absorción intestinal de nutrientes utilizando polifenoles como inhibidores de la acción de las enzimas digestivas y la modificación de la microbiota intestinal por efecto de los polifenoles, probióticos o fibras.

La primera etapa del proyecto se ha centrado en la obtención de ingredientes saciantes de origen animal o vegetal -aromas, fibras, extractos de polifenoles de uva y olivo- y probióticos con potencial efecto saciante. La protección de los ingredientes así como su paso por las diferentes partes del sistema digestivo son clave para que los compuestos puedan ejercer su función con el paso del tiempo, y las características físico-químicas, biológicas y organolépticas se mantengan correctamente.

En la fase casi final del proyecto, previa al desarrollo de los prototipos de productos con el ingrediente funcional, se llevará a cabo la intervención con humanos. Un grupo de pacientes con sobrepeso y problemas de obesidad del Hospital de la Paz degustará los alimentos para poder obtener las conclusiones definitivas.

El exceso de peso está considerado, en la actualidad, uno de los principales problemas de Salud Pública. El motivo radica en su relación con enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares, diabetes, hipertensión arterial, arterioesclerosis, dislipemia, trastornos del sistema locomotor e incluso algunos tipos de cáncer. En particular, en España las enfermedades cardiovasculares son una de las primeras causas de muerte y hospitalización, produciéndose cada año 120.000 muertes por esta causa.

En comparación con el resto de Europa, nuestro país se sitúa en una posición intermedia en cuanto al porcentaje de adultos obesos. Sin embargo, la población infantil española, se encuentra a la cabeza sólo sobrepasada por Malta, Italia, Reino Unido y Grecia.

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Cuando el frío aprieta, no hay nada más reconfortante que un plato de legumbres. Y si va acompañado de un poquito de chorizo o de morcilla para darle gusto, mejor. Nuestros antepasados lo llevaban a rajatabla. Todos o casi todos los días había garbanzos, lentejas, habas o fabes en su mesa. Sin embargo, las costumbres han cambiado y hoy en día las familias españolas las comen una o, a lo sumo, dos veces por semana. Los expertos en nutrición recomiendan aumentar su consumo por sus múltiples bondades para la salud, que contribuyen a prevenir las enfermedades cardiovasculares, el cáncer o la diabetes. Motivos más que de sobra para comerlas no sólo en invierno, sino durante todo el año.

Si le preguntan a una abuela de campo le dirá que, en sus tiempos jóvenes, comían legumbres todos los santos días. Y normalmente con su chorizo, su morcilla o su compango. A excepción, claro está, de los días de vigilia, en los que probablemente se sustituía el aderezo y se comían garbanzos con bacalao. Mucho ha cambiado la dieta de los españoles. Hasta el extremo de que, en el último medio siglo, su consumo se ha reducido a la mitad. Incluso algunas estadísticas hablan de una caída de un 60%.

Los cambios en los estilos de vida, el falso mito de que engordan o el hecho de que a algunas personas les resultan indigestas, son razones que pueden explicar que, hoy en día, se coman legumbres una media de 1,4 veces por semana. Cuando, curiosamente, no son un producto perecedero, se conservan bien y son fáciles de preparar. Basta con acordarse de ponerlas en remojo el día antes. Además admiten muchos acompañamientos, hay múltiples maneras de cocinarlas y, además, una vez preparadas aguantan muy bien hasta el día siguiente. Y, por si fuera poco, son un producto asequible, al alcance de cualquier bolsillo.

No hay excusa, por tanto, para no consumir legumbres. Es más, deberíamos comerlas entre dos y cuatro veces por semana, según recomiendan los expertos en nutrición. ¿Por qué? Suponen un gran aporte de proteínas, carbohidratos de absorción lenta, fibra, antioxidantes, minerales y vitaminas y, además, contienen muy pocas grasas.

Hay estudios científicos que concluyen que la ingesta de legumbres reduce el riesgo cardiovascular al disminuir los niveles de colesterol LDL. Además, al ser ricas en antioxidantes protegen el endotelio, que es el tejido que recubre la zona interna de los vasos sanguíneos y el corazón (en este caso se llama endocardio). Su alto contenido en fibra ayuda a mejorar el tránsito intestinal, además de ayudar a controlar el colesterol ya que impide la absorción de grasas saturadas, según informa la Fundación Española del Corazón.

En fin. Podríamos estar horas hablando de las propiedades nutricionales de este alimento. Pero preferimos darles ideas para prepararlo. La lista de menús es larguísima. Qué tal unas lentejas con chorizo, mejor si es saludable, como el que elaboramos en El Hórreo con las carnes más selectas. O una fabada asturiana, con su compango; unas alubias con morcilla o unos garbanzos con sabadiego, esa joya por descubrir de la gastronomía asturiana. Un embutido que nació humilde y que reinventamos en los años 80 con carnes de la máxima calidad.

 

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Ahora que son tendencia las comidas ‘viejunas’, aquellas que un día estuvieron de moda y con el tiempo cayeron en el olvido, si hicieran una clasificación de los bocadillos ‘viejunos’, en lo más alto estaría el bocadillo de chorizo. Seguro. Aunque más que vetusto y trasnochado, es un clásico entrañable que despierta emociones y recuerdos de la infancia. El bocadillo, de chorizo o de cualquier otro embutido, es una combinación indispensable que debemos incluir en el almuerzo y la merienda de nuestros hijos. Porque, lejos de engordar, alimenta, es fuente de energía y, qué demonios, a los más pequeños les encanta su sabor.

No tienen que comerlo todos los días, pero sí debemos incluirlo en la dieta infantil y juvenil con moderación. Por ejemplo, dos veces por semana y alternarlo, o combinarlo, con fruta, queso, yogur y otros derivados lácteos. Es verdad que los embutidos tradicionales, al estar elaborados con carne de cerdo, son ricos en sal y contienen grasas. Pero no más que otros alimentos como la bollería industrial o los ‘snacks’ y aperitivos, que muchas veces ofrecemos a los niños para el almuerzo o la merienda. Además, tanto las mejoras en la cría del ganado como el cuidado en las elaboraciones chacineras garantizan embutidos más sanos que en el pasado, con menor contenido en sal y grasas. Incluso, en algunos casos, los productores sustituyen parte de las grasas saturadas por insaturadas, como hacemos en El Hórreo.

Asimismo tenemos la opción de los embutidos elaborados con carne de ave (pollo o pavo), más ligeros, o con carne no procesada, como el jamón serrano o el ibérico, con un menor contenido en grasas saturadas y menos aditivos.

Al tener una base cárnica, los embutidos aportan proteínas, beneficiosas para el desarrollo muscular. Combinados con los hidratos de carbono del pan, y su aporte energético, hacen del bocadillo el tentempié ideal para que los más pequeños repongan fuerzas a media mañana o media tarde. Una buena forma de hacer frente a su fuerte desgaste físico e intelectual.

Porque, además, ambos alimentos juntos son una ‘combinación explosiva’ -en el buen sentido de la palabra- de fibra, que facilita la digestión; de vitaminas del grupo B, esenciales para el cerebro y el corazón; de minerales como el hierro, el magnesio, el zinc o el fósforo, beneficiosos para el crecimiento de los huesos, la memoria o reducir el cansancio y la fatiga. En fin, son elementos vitales todos ellos para nuestra salud, como ya comentábamos hace varias semanas en El Hórreo Vida Sana. Pero sobre todo para el correcto desarrollo de los pequeños.

Es importante una buena hidratación, que los chavales acompañen el bocata con agua, sobre todo si el niño viene de realizar una actividad física o de practicar deporte. También son buenas opciones la leche o un batido natural. Pero debemos evitar las bebidas carbonatadas y los zumos azucarados. Su salud y, en especial, su dentadura lo agradecerán.

Además de para recargar energía, la hora del almuerzo y de la merienda sirven para hacer una pausa y para aguantar el tirón con mejor humor hasta la hora de la comida o la cena. Si no, llegarán o demasiado cansados o hambrientos, y correremos el riesgo de que no tengan ganas de comer o, de todo lo contrario, que se atiborren

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Aprender inglés, intentar llevar una vida con menos estrés y, en lo más alto de la lista, hacer ejercicio… Pasan los años y nuestros propósitos de Año Nuevo permanecen invariables y, en muchos casos, siguen sin cumplirse. Nos apuntamos al gimnasio o nos animamos a practicar algún deporte para estar en forma y bajar esos kilos que nos sobran, y nos olvidamos de que para ‘vencer’ la batalla a la báscula también hay que llevar una alimentación sana.

¿Y por dónde empezamos? Por adecuar nuestros hábitos alimenticios a nuestra actividad. Lo normal es consumir una media de 2.000 calorías al día. Sin embargo, no gasta las mismas calorías un deportista, un niño o un albañil, con un mayor desgaste físico, que una persona que trabaja en una oficina. Los primeros necesitarán consumir más hidratos de carbono. En definitiva, hay que buscar un equilibrio entre las calorías que consumimos y la energía que gastamos para no caer en el sobrepeso, tan perjudicial para la salud y ligado a problemas como la diabetes, la hipertensión o el colesterol alto.

¿Y cómo sabemos si padecemos sobrepeso? Basta con calcular nuestro índice de masa corporal, dividiendo nuestro peso entre nuestra talla. Si está entre 25 y 30 kilos es sobrepeso; y por encima de 30, obesidad. En ambos casos es aconsejable ponernos a dieta, mejor con la ayuda de un profesional de la salud.

Pero las dietas de adelgazamiento no son una receta mágica y eterna, sino que son una solución puntual para abordar un problema de sobrepeso. No nos queda otra que mantener unos hábitos de alimentación sana durante toda nuestra vida, tengamos problemas de peso o no.

La primera pauta sería una dieta basada en alimentos de origen vegetal, empezando por el aceite de oliva, que debe ser la grasa culinaria fundamental en nuestra cocina. Debemos comer cinco raciones de fruta y/o verdura al día, además de dar prioridad a las legumbres, los cereales –mejor integrales-, los frutos secos y las semillas. También es importante consumir proteínas, encargadas de regenerar nuestros órganos y tejidos, mejor si proceden de carne de ave, conejo y de pescado blanco y azul. No nos debemos olvidar de los huevos, siempre dentro de un orden, de 4 a 6 a la semana. Ni de la leche y los lácteos, mejor si son desnatados, en especial para prevenir problemas de salud como la osteoporosis.

Esto no quiere decir que no podamos comer carne roja, embutidos o dulces. ¿Qué sería de la vida sin los placeres? La felicidad también es salud y en el equilibrio está la virtud. Si va a disfrutar de una carne roja, de un dulce o de un embutido, hágalo consumiendo alimentos de calidad como los embutidos El Hórreo.

Una segunda pauta para llevar una alimentación sana es repartir nuestra ingesta diaria en cinco comidas, es decir, comer de forma regular, sin saltarnos ninguna comida y en cantidades moderadas. Nos ayudará a no pasar hambre y evitará que nos peguemos atracones o que comamos sin control.

No sólo es importante comer bien. También es muy importante la hidratación. Tercera pauta: beber entre 1,5 y 2 litros de agua al día. Hay que evitar en la medida de lo posible el alcohol, las bebidas azucaradas y con burbujas.

Y si hablamos de evitar, también debemos reducir el consumo de sal, de azúcares añadidos y huir de la comida rápida, las chucherías y la bollería industrial.

Y quinta y última: no pretendamos conseguir nuestro objetivo de la noche a la mañana. Poco a poco, paso a paso, con cambios graduales en nuestra alimentación. Si no, nos arriesgamos a que nuestro propósito de Año Nuevo fracase.

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En muchos casos los embutidos han venido acompañados de mala prensa, asociados a más perjuicios que beneficios: colesterol, grasas, sal… Casi tenías que pedir perdón al meter una rodaja de chorizo en la boca, te sentías como un ‘pecador culinario’ cuando, curiosamente, los embutidos son parte del rico patrimonio gastronómico español. Y, además, son fuente de proteínas, minerales, vitaminas y hierro. Un guiso de legumbres con chorizo puede ser el mejor reconstituyente para un deportista o alguien con mucho desgaste físico. La morcilla, un aliado excelente para una persona que padece anemia, siempre que no presente altos niveles de colesterol. Todo consumido en su justa medida y teniendo presente que no hay alimentos nocivos, sino dietas malas.

El primer beneficio de los embutidos es que, al estar hechos de carne, son una fuente de proteínas y contribuyen al aumento y conservación de la masa muscular. A continuación algunos dirán en su contra que contienen grasas, incluso en algunos casos grasas saturadas que pueden aumentar el colesterol. Pero no nos engañemos, los embutidos curados contienen menos colesterol que, por ejemplo, otros alimentos como la mantequilla o el huevo. Además, hay algunas variedades con menor presencia de grasas saturadas que otras. Sólo hay que procurar no abusar de aquellas que menos le convienen a nuestro organismo.

Por otro lado, algunos fabricantes se han preocupado por sustituir las grasas saturadas, o parte de ellas, por grasas insaturadas más cardiosaludables. Es lo que ha hecho El Hórreo, con un proyecto con financiación europea para conseguir productos igual de ricos que los tradicionales, pero mucho más sanos. También hay que tener en cuenta el tipo de carne que se ha empleado en la elaboración del embutido, porque si es de calidad redundará en un producto mucho más saludable.

Su alto contenido en sal es otro de los contras de los embutidos, en especial para aquellas personas con hipertensión o con problemas de retención de líquidos. Sin embargo, algunas empresas han procurado reducir su presencia en los productos que elaboran. No es el único mineral que contienen en gran proporción. También son ricos en otros tan beneficiosos como el potasio, que, entre otras funciones, participa en el mecanismo de relajación y contracción de los músculos; el magnesio, fundamental para la fijación del calcio y el fósforo en los huesos y dientes; el fósforo, importante para mejorar la memoria y la concentración; o el zinc, involucrado en procesos metabólicos de nuestro organismo tan importantes como la fabricación de ADN.

Los embutidos, en concreto los curados, son fuente de vitaminas del Grupo B. La B1, que favorece el buen funcionamiento del corazón; la B3, que contribuye a disminuir el cansancio y la fatiga; o la B12, que facilita la formación de glóbulos rojos y fortalece el sistema inmunitario. También ayudan a combatir la anemia gracias a su alto contenido en hierro. Además, al ser de origen animal, nuestro organismo lo absorbe mejor. Las personas que tengan problemas de ácido úrico o gota deben evitar los embutidos o consumir los elaborados con carne de pavo o pollo. La carne roja contiene purinas y el ácido úrico es un producto de la degradación de estas sustancias.

Como en todo, consumido con moderación, sin excesos y eligiendo las variedades de mayor calidad y que más le convienen a nuestro organismo, el embutido puede estar presente en nuestra dieta. Si somos equilibrados, lo comeremos disfrutando de su sabor y, sobre todo, sin sentimiento de culpa.

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Hay pocos productos que gusten tanto y sean tan apreciados por su sabor como los embutidos. Sin embargo, en muchos casos, su consumo se asocia con efectos perjudiciales para la salud por su alto contenido en grasas. Pero esta situación puede cambiar radicalmente con una investigación que demuestra que una nueva generación de embutidos funcionales puede ayudar a prevenir el cáncer de colon, sin renunciar a sus características organolépticas y su sabor. Es más, con un producto que contiene el mínimo de grasas y ningún conservador.

La primera fase del estudio mostró un descenso del 57 por ciento en el desarrollo tumoral en aquellos animales de laboratorio alimentados con cárnicos funcionales, en concreto, chorizo y jamón cocido en los que se sustituyeron las grasas saturadas de origen animal por compuestos vegetales con propiedades antitumorales. Ahora ya ha arrancado la fase de experimentación con humanos, la segunda de esta investigación que, desde hace varios años, desarrollan el grupo de Investigación de Biotecnología y Terapia Experimental Basada en Nutracéuticos del Instituto Universitario de Oncología del Principado de Asturias (IUOPA), la empresa catalana Cosfer y nuestra empresa, la asturiana El Hórreo Healthy Food.

El cáncer es la segunda causa de mortalidad en los países occidentales y, en España, el de colon es el de mayor incidencia, el que registra más pacientes afectados. Cada año en nuestro país se diagnostican 25.000 casos de carcinoma colorrectal, con una mortalidad del 50 por ciento.

Diversos estudios confirman la importancia de la dieta en el desarrollo de esta enfermedad. El proyecto se basa en la inclusión de elementos prebióticos, un tipo de nutracéuticos, en los embutidos. En concreto se trata de fibras formadas por cadenas de fructosas que llegan sin digerir al intestino grueso, donde son fermentadas por bacterias beneficiosas que producen compuestos antitumorales como el butirato.

El grupo indujo cáncer de colon a diferentes grupos de animales. Durante 17 semanas se alimentó al primer grupo sólo con pienso; al segundo, con pienso y cárnicos normales; y al tercero, con pienso y cárnicos funcionales. Los investigadores comprobaron que la incidencia del tumor en los individuos del último grupo se redujo un 57% respecto a los demás. No sólo eso. También observaron un descenso en el tamaño de los tumores y en su capacidad metastásica.

Recientemente ha comenzado la fase de investigación en humanos. Como sería inviable hacerlo con población general, ya que podría extenderse durante dos décadas, el equipo ha llevado a cabo el estudio en un grupo de personas con predisposición genética a padecerlo. En concreto, con pacientes con Síndrome de Lynch, un tipo de cáncer colorrectal hereditario en el que se desarrolla la enfermedad en un 95 por ciento de los casos. Los participantes se someterán a una dieta con estos cárnicos funcionales. Cosfer y El Hórreo han colaborado con la elaboración de un recetario y diferentes formatos para sus productos.

Ambas empresas no sólo han logrado el reto de sustituir la grasa tradicional por esta nueva fibra sin renunciar al sabor del chorizo y el jamón cocido de toda la vida. Además, la fibra aporta la consistencia, textura y palatabilidad de las grasas, que se han eliminado por completo de estos embutidos.

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Desde siempre, los hombres han buscado fórmulas para conservar los alimentos durante más tiempo. En el caso de los embutidos, empleando técnicas como el adobo, el ahumado, la salazón o la inmersión en aceite de oliva. Sin embargo, una vez empezada la pieza, la conservación resulta más difícil, sobre todo en los días de verano cuando el calor aprieta y hace mella en los productos. Hoy daremos algunos consejos para procurar que chorizos, salchichones, sabadiegos, jamones y otros embutidos se mantengan frescos durante más tiempo.

El primero es guardar los embutidos en lugares frescos, a una temperatura constante entre los 15 y los 20 grados centígrados que no esté sometida a cambios bruscos. Han de ser espacios bien ventilados; secos y alejados de focos de humedad, como lavadoras y fregaderos; y a ser posible oscuros, donde no incida la luz solar directamente. Una despensa, una bodega o una alacena son lugares idóneos. Y la forma de colocarlos es colgarlos separados, de tal manera que las piezas no se toquen.

Una vez abierto el embutido debemos colocar la pieza con el corte mirando hacia abajo. Para garantizar que no se ponga rancio ni duro, tapamos la punta. Podemos hacerlo con film transparente, untándola previamente con aceite de oliva. Otro truco es echar un montoncito de sal gorda sobre un trozo de papel de aluminio, colocar encima la zona cortada y envolverla.

Cuando la pieza esté entera y vayamos a tardar un tiempo en consumirla, recomiendan untarla con clara de huevo batida, sin llegar al punto de nieve. Y por supuesto, como decíamos, colgarla.

Para conservar los jamones y cecinas una vez empezados, lo mejor es colocar sobre el corte trozos de la corteza y del tocino que vayamos quitando de la pieza. Y encima, un trapo fino de algodón, que resulta el mejor aliado para mantener los embutidos frescos y con todo su sabor, también en el caso del lomo y el salchichón.

Es preferible no guardar los embutidos en la nevera porque se endurecen. Pero si no nos queda otro remedio porque hace calor y no disponemos de otro lugar fresco, podemos colocar sobre el producto un paño de algodón húmedo. Así evitaremos que se ponga como una piedra.

Un caso diferente es el de los embutidos cortados en lonchas. Lo mejor es disponerlos unos encima de otros, formando una torre, envolverlos en papel film y guardarlos en el frigorífico. Sacarlos con bastante antelación, para que vayan adaptándose a la temperatura ambiente, y un rato antes de consumirlos, retirar el papel y dejarlos que suden. Hay que intentar cortar sólo el embutido que vayamos a consumir. Pero si nos pasamos, no hay que retirar la tripa, ya que esa piel sirve de protección a la carne curada.

El envasado al vacío es un buen método de conservación del embutido ya que mantiene sus propiedades intactas. Pero una vez abierto, hay que tener cuidado de no dejar el producto en el envase. Como no corre el aire en su interior al estar cerrado por un lado, puede aparecer moho. Es mejor envolverlo en papel film y guardarlo en un lugar fresco.

Para no encontrarnos con ingratas sorpresas, lo mejor es consumir productos de calidad elaborados con materias primas sanas y en los que se hayan empleado procesos que nos ofrezcan garantías. Como procuramos hacer en El Hórreo.

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¿Se imaginan un chorizo con el mismo sabor y olor de siempre pero con menos colesterol y grasas más saludables? El Hórreo Healthy Food, en colaboración con otras cinco compañías, ha iniciado el camino para conseguirlo. Recientemente, la empresa chacinera más antigua de Asturias se ha embarcado en un proyecto con financiación europea cuyo objetivo es sustituir en los productos cárnicos parte de las grasas saturadas por grasas insaturadas más cardiosaludables y con un mejor perfil nutricional. En definitiva, elaborar embutidos y otros productos cárnicos igual de ricos, pero mucho más saludables. Y también, mediante la investigación, contribuir a que otros puedan incorporar estos avances.

El Hórreo Healthy Food se marcó hace varios años el objetivo de elaborar productos tradicionales asturianos y, al mismo tiempo, incorporar mediante la innovación ingredientes naturales con propiedades beneficiosas para la salud.

Con este compromiso, ha emprendido varios proyectos de Investigación y Desarrollo (I+D). La empresa colaboró con la Universidad de Oviedo en el desarrollo de productos cárnicos aptos en dietas terapéuticas y en la prevención del cáncer de colon. Con esta investigación, y gracias a una dieta basada en estos productos cárnicos, logramos reducir en un 57% la aparición de tumores en animales a los que se había inducido carcinoma colorrectal. También impulsó un sistema de ahumado por fricción para eliminar los benzopirenos, unos compuestos potencialmente cancerígenos que se generan durante la curación de los embutidos mediante el ahumado tradicional. Y ahora participa en esta nueva iniciativa para el desarrollo de grasas avanzadas basadas en aceites de oliva de alto valor añadido, que forma parte de los proyectos aprobados en la última convocatoria de los Fondos Feder Interconnecta.

El grupo de investigación prevé incorporar en la fabricación de productos cárnicos diferentes compuestos saludables, como ácidos grasos Omega-3 y otros presentes en el aloe, en grasas y aceites para su utilización directa o en matrices de alto contenido lipídico. El procedimiento se llevará a cabo mediante el uso de tecnologías avanzadas de microencapsulado. De esta forma se podrían conseguir mejoras nutricionales y tecnológicas que se traducirían en unos alimentos con las mismas características organolépticas, es decir, el mismo sabor y olor de siempre, pero eliminando o reduciendo las grasas saturadas al sustituirlas por aceites vegetales.

El proyecto de investigación tiene una duración de dos años y en él participan, además de El Hórreo, otras cinco compañías y centros de investigación: Acesur, empresa andaluza líder en la comercialización de aceite de oliva; Ingenatrics, especialista en tecnologías de microencapsulación; Novadays, dedicada a la investigación y consultoría con una división especializada en la gestión de la ciencia y la tecnología; Citoliva, centro de investigación especializado en el aceite de oliva y sus componentes; e Imibic, centro de análisis nutricional que permitirá verificar los efectos saludables y funcionales de los nuevos productos y su biodisponibilidad. Las seis están especializadas en todos los procesos que se quieren aplicar y en las sustancias y productos que se van a utilizar, además de en los efectos que estos tienen en la salud de las personas.

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Diez consejos para un verano sano y sin sobresaltos

El verano es momento para el relax, disfrutar de la vida y cuidarse. Hay muchos sabios consejos para hacerlo. Nosotros te damos diez pautas para que disfrutes de cada minuto de tus vacaciones sin sobresaltos.

  • Procura una hidratación constante: si el resto del año es importante y es necesario beber una media de dos litros de agua al día, en verano con más motivo porque con la transpiración perdemos más líquidos. Cuidado con los más pequeños, porque no saben pedir agua, y con los mayores, porque con la edad se atenúa la capacidad de tener sensación de sed.
  • Come bien y disfruta de los productos de temporada: el verano nos pone en bandeja alimentos apetitosos como frutas, verduras, gazpachos y ensaladas, que además de ser fuente de vitaminas, son sanos y engordan menos. Pero el relax vacacional también nos lleva a un mayor desorden y al picoteo. Un sabio consejo es poner en un plato todo lo que vamos a comer para controlar las cantidades.
  • Cuidado con las intoxicaciones alimentarias: dicen que en verano se multiplican por cuatro. Para evitar comer alimentos en mal estado, hay que cuidar la higiene personal y de los utensilios que utilizamos para cocinar. El agua no potable nos puede costar más de un quebradero de cabeza. No eches hielo en la bebida si estás en un país tropical. Así alejarás el riesgo de padecer gastroenteritis y diarreas.
  • Guarda la digestión: pasamos de acatarla al pie de la letra a olvidarnos de ella. Y no es un mito. Después de la comida, hay que esperar entre una hora y media o dos para bañarnos.
  • Ojo con las infecciones: la sudoración excesiva y la humedad favorecen el ambiente húmedo propicio para que proliferen bacterias y hongos. Para huir de las otitis, no hay que pasar demasiado tiempo sumergido en el agua y sacar con cuidado el agua del oído. Evitaremos las infecciones por hongos de uñas, pies y mucosas vaginales, si usamos chanclas, ropa interior de algodón y prendas no demasiado ajustadas, nos secamos rápidamente y mantenemos una buena higiene.
  • Adiós a las picaduras: para alejar de nosotros a insectos indeseables, nada mejor que usar un buen repelente, poner mosquiteras en las ventanas, no vestir ropa de colores vistosos ni usar perfumes atrayentes.
  • Precaución con el sol: no vayas a la playa o a la piscina en las horas centrales del día, de una a seis de la tarde. Usa visera, gafas de sol y una protección solar adecuada a tu tipo de piel. Y ten en cuenta que el sol quema igual al borde del mar que en el paseo marítimo.
  • Aprovecha que estás al aire libre para hacer ejercicio: haz unos largos en la piscina o corre por la arena de la playa. Eso sí, vigila los resbalones y calcula bien al lanzarte al agua. El mar y la piscina son una fuente de diversión, pero también de peligros, que exigen sumo cuidado y tener muy controlados a los niños. Así evitarás ahogamientos y accidentes.
  • Duerme a pierna suelta: hazlo, esconde el despertador ahora que estás de vacaciones, así evitarás romper las fases del sueño. Además, descansarás de verdad y tendrás menos estrés.
  • Aprovecha el tiempo para relajarte y hacer lo que más te gusta: leer, hacer crucigramas y sudokus, pintar mandalas y otras actividades placenteras para las que no tienes tiempo el resto del año. Son gratas y te ayudan a mantener el cerebro en forma.
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Durante siglos se utilizó en muchos lugares la técnica del ahumado para que los embutidos durasen más y no se estropeasen. En la actualidad, los sistemas de conservación han mejorado y ya no resulta necesario el ahumado, pero se sigue utilizando por el sabor y aroma que confiere al producto. Por una cuestión de paladar. Sin embargo, el humo transmite a los alimentos sustancias nada recomendables, como es el caso del benzopireno, cuyos efectos cancerígenos han sido reconocidos por la comunidad científica internacional. Para eliminar prácticamente su presencia en nuestros embutidos, El Hórreo desarrolló junto con instituciones vinculadas a la Universidad de Oviedo un innovador sistema de ahumado por fricción que aplica a sus productos y del que les hablaremos hoy.

Quizá no hay que vivir en una alarma permanente y obsesionarse con la letra pequeña de las etiquetas, pero tampoco ignorar que ciertos alimentos pueden contener elementos poco recomendables, incluso cancerígenos. Es el caso del benzo(a)pireno (BaP), un compuesto químico que está presente en algunos productos ahumados o tostados y cuyo efecto cancerígeno está científicamente demostrado. De hecho ha sido reconocido por la comunidad científica internacional y las autoridades sanitarias alertan de su peligrosidad. Entre otras por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), la Organización Mundial de la Salud (OMS) o la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO)

Así que la legislación alimentaria es cada vez más restrictiva y está aplicando numerosas medidas para proteger a los consumidores de los efectos nocivos de estos productos cancerígenos. Por ejemplo la normativa reduce la cantidad máxima de benzopireno permitida en productos cárnicos ahumados y, de esta forma, intenta evitar sus nefastas consecuencias para la salud.

Pero no son los únicos que están tomando cartas en el asunto. Los productores también están aplicando medidas para reducir al máximo este compuesto perjudicial para el organismo. Es el caso de El Hórreo, que, en colaboración con investigadores de la Universidad de Oviedo, puso en marcha un novedoso sistema de ahumado por fricción que elimina prácticamente la formación del benzopireno. Y lo consigue sin restar cualidades ni sabor a los embutidos. Es más, los potencia.

El ahumado por fricción es un sistema de combustión incompleta. Con él, no se produce una combustión completa por la falta de oxígeno y el humo se genera por fricción. Un rotor gira contra una madera de haya y produce humo frío, que podemos decir que contiene un nivel más reducido de benzopirenos. ¿Por qué? Sencillamente porque, al no producirse una combustión completa, no se alcanzan los 300 grados, que es la temperatura a partir de la cual se producen estos compuestos químicos.

Gracias al ahumado por fricción obtenemos embutidos más saludables. Pero no es la única ventaja de este sistema. Según los investigadores que lo han desarrollado, se logra reducir en un 90 por ciento la quema de madera para producir humo. Es, por tanto, más sostenible al reducir la utilización de materias primas y la producción de residuos. Es también más seguro: el personal que trabaja en el ahumado no tiene que manipular fuego ni tampoco inhalar el humo resultante. Y, en tercer lugar, es más ecológico porque se reducen las emisiones a la atmósfera: el secadero de los embutidos está sellado herméticamente y el humo producido es canalizado y reutilizado. También, ese cierre hermético del secadero permite un mejor control de la temperatura y de la humedad de nuestros productos.   

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Empezó siendo una creación de José Antonio Campoviejo reservada a los comensales de su restaurante, El Corral del Indianu. Después El Hórreo Healthy Food desarrolló esta delicatessen junto con este cocinero asturiano distinguido con una estrella Michelín. Le añadimos nuestro particular toque a base de sabadiego y la sacamos al mercado bajo nuestro sello de producto gourmet, El Hórreo 1908. Y ahora esta alianza de sabores, estos bombones hechos de queso de cabrales ymanzana asada bañados en chocolate blanco y sabadiego bañados en chocolate en chocolate con leche, ha recibido un premio como producto innovador en la feria del sector alimentario PLMA de Amsterdam.

En El Hórreo Healthy Food estamos de enhorabuena, ya que la PLMA's World of Private Label 2016 es la feria internacional de marcas privadas más importante que se celebra en Europa. En ella participan más de 4.300 expositores, entre los que se incluyen casi 60 pabellones nacionales y regionales, en los que se exhiben alimentos frescos, congelados y refrigerados, bebidas y alimentos secos. Así que el hecho de que, entre todos estos productos, distingan los de nuestra empresa es una satisfacción. Y más siendo un reconocimiento internacional a un trabajo que comenzó a fraguarse en los fogones del restaurante asturiano El Corral del Indianu.

Su precedente fue un postre, el Mimoso de Chocolate Blanco y Cabrales con Salsa de Pera a la Vainilla y Helado de Avellana, que evolucionó hasta convertirse en este bocado sublime: Queso de Cabrales, un producto único cuya fuerza y sabor queda suavizada con la manzana asada, y bañado todo ello en chocolate blanco. En un primer momento lo podían disfrutar los comensales del restaurante El Corral del Indianua, situado en Parres (Asturias) al comienzo del menú degustación. Y precisamente fueron los clientes los que reclamaban constantemente poder llevarse a casa estos bombones para disfrutarlos en cualquier momento, sin la necesidad de tener que desplazarse a este bonito rincón de Asturias para degustarlos.

Y pensando en ellos, y en otras personas que quisieran disfrutar de este producto, en 2015 el cocinero José Antonio Campoviejo y nuestra empresa, El Hórreo Healthy Food, con el apoyo del Gremio de Artesanos Confiteros del Principado de Asturias, trabajaron en el desarrollo comercial de este aperitivo. En 2015 presentaron en el Salón Gourmet de Madrid estos bombones, a los que añadieron una nueva receta con sabadiego, un producto muy asturiano a medio camino entre el chorizo y la morcilla. De hecho fueron concebidos como “un homenaje a la humildad” de este producto espléndido.

Así, con dos sabores, se presenta esta caja que desde su lanzamiento como producto gourmet ha llegado a los lineales de las tiendas más selectas y ahora, un año después, también ha recibido el beneplácito de los expertos con esta distinción en la feria internacional de Amsterdam. Probablemente porque encierran el equilibrio que, según defiende Campoviejo, debe guardar la cocina.

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Una vida sana y llena de sabor. Cuidarse es tan fácil como leer este decálogo de consejos e instroducirlos poco a poco en nuestros hábitos cotidianos. Cuando lo hayas conseguido, pensarás cómo pudiste pasar tanto tiempo sin incorporarlos a tu rutina.

 ¡Ahí van!

Bebe, pero bebe agua.

El agua es salud y, lo mejor, es acostumbrarse a vivir cerca de una botella y darle un buen trago habitualmente. Lo recomendable, aunque cada persona es un mundo, es beber cerca de dos litros diarios. El agua limpia y purifica al organismo por dentro, elimina las toxinas y contribuye a digerir mejor los alimentos.

Controla tu dieta

No existe la comida basura, sino la dieta basura. La mesura y en los buenos hábitos alimenticios son el ‘quiz’ de la cuestión. Merecemos una vida mejor dentro de un cuerpo más saludable y nuestro régimen alimentario tiene mucho que decir.

Cinco comidas es mejor

Procura realizar cinco comidas al día: desayuno (¡desayuna!), media mañana, comida, merienda y cena. Siempre es más recomendable comer poca cantidad y de forma más frecuente.

¡Muévete!

Sabemos que no a todo el mundo le gusta practicar el deporte pero la actividad física es fundamental. Si eres de los que piensa que correr es de cobardes, busca alternativas. Bájate una parada antes en el metro o en el autobús, olvídate del ascensor y sube a pie a tu casa, pásate de la barra del bar a la pista de baile…

Cuidado con la sal

De nuevo de vuelta a la mesura. La sal no es perjudicial por si misma pero un exceso propicia la retención de agua y una presión arterial alta, lo que puede llevarte a sufrir hipertensión u otras enfermedades cardiovasculares.

Minimiza tu estrés

Esta vida es de locos, estamos de acuerdo. El trabajo, la falta de trabajo, los atascos, las colas, las relaciones personales, el ruido continuo… Sin embargo, no puedes permitir que el estrés domine tu vida. Párate, piensa, respira hondo y sopesa qué elementos de tu vida te están quitando salud y cómo puedes reconducirlos.

No sacrifiques, ¡nunca!, el sueño

Procura dormir, al menos, ocho horas diarias. Volvemos a que cada persona es un diferente y quizás haya quien necesite menos horas de sueño. Sea como sea, nadie debería dormir menos de lo que necesita. El mundo puede esperar pero tu cuerpo no puede ser forzado sistemáticamente.

Aleja los vicios

Es un tópico pero ya sabes cuáles son los productos de los que te debes alejar: tabaco, alcohol,…éste último solo en grandes dosis. No pasa nada por disfrutar de una cervecita o una copa de vino; y, de nuevo, nos hemos topado con la mesura.

¡Piensa!

Una mente activa, una memoria entrenada, el fomento de la lectura… El ejercicio intelectual es salud, la mejor forma de engrasar nuestro cerebro y prevenir males futuros. ¡Desempolva tus recuerdos antes de tirar de la Wikipedia o del teléfono móvil!

Gústate

Gústate y gustarás. Sé feliz, sonríe. La risa es la mejor terapia de vida. Cualquier problema es más ligero cuando uno está a gusto consigo mismo. Seguro que si sigues los nueve consejos anteriores, ¡será mucho más fácil cumplir este décimo! Y viceversa J

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Llamándose esta página Embutidos Saludables, la primera pregunta que podría asaltar al internauta, y que en las redes sociales ya nos han hecho, sería ¿Qué es saludable? o ¿Qué son embutidos saludables?. Empecemos.
 
Dice el diccionario de la lengua española: "saludable.1. adj. Que sirve para conservar o restablecer la salud corporal. 2. adj. De buena salud, de aspecto sano.3. adj. Provechoso para un fin, particularmente para el bien del alma". Por otra parte, la Organización Mundial de la Salud define el término de salud como "un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades".
 
Pues aunando estos dos términos, el de salud y saludable, hemos desarrollado nuestro concepto de Embutidos Saludables hasta plasmarlo en nuestros productos. Son embutidos que elaboramos desde 1908, a los que, sin perder nada de su carácter tradicional y artesano, hemos disminuido su contenido en sal y grasa respecto de la receta original y modificado el sistema de ahumado hasta prácticamente suprimir una sustancia presente en el humo, los benzopirenos, que pueden ser nocivos para la salud.
 
Desde esta página queremos fomentar el consumo de embutidos dentro de una dieta equilibrada y junto con otros hábitos saludables como el ejercicio moderado. En un tiempo donde se tiende a demonizar el consumo de determinados alimentos como algo nocivo, desde Embutidos Saludables queremos reivindicar lo saludable de consumir alimentos cercanos en lo cultural, reconocidos como algo propio desde tiempo inmemorial y que forma parte de la historia de la gastronomía de la que estamos especialmente orgullosos.
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Los embutidos no suelen venir acompañados de un manual de instrucciones, ni siquiera de instrucciones de uso o consumo. Parece demasiado obvio… Sin embargo, todo tiene sus pequeños trucos. ¡Hasta comerse un chorizo!

Por eso, os vamos a ofrecer unas sencillas recomendaciones de consumo para que vuestros embutidos envasados sepan (incluso) más ricos. Ahí van.

  • Consume los embutidos a temperatura ambiente para que mantengan sus características organolépticas (sabor, textura, aroma, color...)
  • Los productos envasados al vacío deben sacarse unos 20 minutos antes de su consumo de su envase para que el producto respire y se oxigene.
  • Presta especial cuidado a la forma en la que proteges los embutidos una vez que los has abierto. Te recomendamos que los envuelvas en papel de estraza y, si no es posible, en papel de aluminio. ¿Sabes por qué? Pues porque el sistema ‘no frost’ acelera el proceso de desecación del producto, que se vuelve más salado y adquiere un sabor más fuerte.
  • No obstante, trata de comerte cuanto antes el embutido una vez abierto para evitar que se reseque. ¡Es una pena dejar que pierda su verdadero sabor!

 

 

   

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Para avanzar en el cuidado de nosotros mismos es fundamental desterrar de nuestra mente la idea de que la salud es aburrida. Tendemos a imaginar que prestar atención a nuestro cuerpo significa mermar la intensidad en el disfrute, embarcarnos en rutinas y en hábitos aburridos. Convertir en eterna la vida que tenemos por delante, no porque se alargue hasta el infinito, sino porque el calvario de momentos insulsos cambiará y ralentizará nuestras percepciones. Hay multitud de chistes al respecto.

Dejémoslo en eso, en chistes, y no les hagamos más caso. ¿Qué tiene de malo o de irritante beber mientras uno trabaja en la oficina? ¿Es realmente más aburrido dejar el coche en casa y dar un paseo mientras hacemos recados o vamos al trabajo que embarcarnos en largos y estresantes atascos? ¿Resulta tan tedioso que los niños disfruten del aire libre en lugar de encerrarse en sus habitaciones con sus videojuegos? ¿Realmente no te gusta disfrutar de varias comidas al día? ¡Claro que no!

La vida saludable puede ser sabrosa. Resetea tu anteriores creencias y créenos. Basta con adaptarla a nuestras preferencias, moldearla a nuestro a estilo. Incorporar un poco de ‘valor añadido’, como se dice en el ámbito empresarial, para dibujar nuestro día a día como nos gustaría que fuera, pero mejor, porque encima, sin darnos cuenta, invertimos en años de tranquilidad.

Saludable no es aburrido, no es insípido, es, incluso, divertido. Innovar en nuestros hábitos es siempre es más entretenido que actuar automáticamente.

¿No te gustan los retos?